Crónica del centenario de Góngora – Gerardo Diego

Ideas y proyectos

Mes de abril de 1926. Una improvisada y amistosa tertulia pone sobre la mesa de un café el lema del Centenario de Góngora. Hay que hacer algo, y tenemos que hacerlo nosotros. Si esperamos que lo hagan las corporaciones oficiales pasaremos por el bochorno de que España celebre el Centenario de su más grande poeta entre una absoluta indiferencia, con cualquier actillo exterior y falso, algún certamen novelesco y media docena de artículos de enciclopedia, contentos de haber matado el tema nuestro de cada día o semana de colaboración. Actillos, certamenillos, ensayillos, trabados de cortapisas y reservas miserables, cuando no de hipócritas agravios para la más pura de nuestras glorias poéticas. […]

Poetas

 Contribuyeron los siguientes: Alberti, Aleixandre, Altolaguirre, Adriano del Valle, Cernuda, Buendía, Frutos, Diego, Lorca, Guillén, Bergamín, Garfias, Romero Murube, Moreno Villa, Larrea, Hinojosa, Prados y Quiroga. (Si se me olvida alguno, estará en el nº. de Litoral, 5, 6 y 7.)

Poetas que prometieron y no enviaron versos: Antonio Machado, Salinas y Dámaso Alonso. Hubo algunos espontáneos -lo fue alguno de la primera lista- no admitidos por considerarse sus versos impropios del caso.

Se negaron a participar en el homenaje:

Juan Ramón Jiménez, D. Miguel de Unamuno y D. Ramón del Valle-Inclán. Esquela, carta y tarjeta, respectivamente. Pero de esto hablaremos luego.

No contestaron siquiera a nuestra invitación: Manuel Machado, Ramón de Basterra.

Prosistas

Un fracaso completo. Algunos publicaron sus artículos en La Gaceta Literaria, Verso y Prosa, etc. Pero nuestro secretario recibió únicamente originales de Cossío y Arconada. Prometieron y no cumplieron: Miró, Marichalar, Espina, Jarnés, Ramón G. de la S., Almagro, Giménez Caballero, Alfonso Reyes y algún otro.

No contesaron siquiera: Pérez de Ayala, Ortega y Gassset, Vela y Ors.

[…]

El auto de fe

Era el número esencial de la conmemoración y desagravio gongorino, tal como se acordó en las reuniones organizadoras de mayo del año pasado. Se celebró solemnemente el 23 entre las dos luces -oro y cera- del atardecer. […] No daremos los detalles del solar -verdadera plaza tétrica- donde al fin tuvo lugar, para evitar responsabilidades al dueño. Los vecinos lejanos creyeron anticiparse en un mes justo las hogueras sanjuaneras.

El Tribunal

Lo constituían los tres mayores gorgorinos: Dámaso Alonso, Gerardo Diego y Rafael Alberti. Dámaso, secuestrado la víspera por siete alemanes en la sierra de Guadarrama, no pudo comparecer y fue sustituido por el animoso superrealista José María de Hinojosa. Negras hopalandas y severos hábitos cortados según los modelos de los cuadros de la época en el Prado. […] Inútil decir que los oficiantes llevaban las insignias y hábitos de rigor. (Figurines de Salvador Dalí y Guillermo de Torre).

 Estaba preparado el quemadero del modo más sobrio y eficaz. Un gran haz de leña (modelo Núñez de Arce) y otro aparte para que no se contaminasen con las cenizas infamantes las de algunas víctimas a quienes se debía todo respeto. Se constituyó el tribunal. Gerardo Diego acentuaba su fanatismo y se consumía en oscilantes ardores. Alberti concentraba el verdor de su rostro y su sonrisa se le torcía en un matiz sarcástico. Cossío, siempre optimista, actuaba de abogado defensor. Pero el fiscal severísimo Bergamín, con la cara más larga aún que de costumbre, condenaba a todos los procesados sin apelación.

La quema

Primero ardieron festivalmente los tres monigotes de trapo (modelo de Moreno Villa) representativos de los tres enemigos de Góngora: El erudito topo, el catedrático marmota y el académico crustáceo. Los grotescos muñecos con los atributos profesionales ardieron entre la mayor algarabía. Después se incendiaron los ejemplares, la mayoría auténticos, y los que no se encontraron, en efigie de papel, de los siguientes libros:

HOGUERA A:

Justa poética de San Isidro, de Lope de Vega.

La culta latiniparla, de Quevedo.

Un tomo de Las Ideas Estéticas de Menéndez Pelayo.

HOGUERA B:

La poética, de Luzán.

La derrota de los Pedantes, de Moratín. […]

Todos los libros de textos, representados por los de Méndez Bejarano, Rufino Blanco, otra vez Hurtado y Palencia, Felipe Sassone, José Ciurana, etc. […]

Ópera Omnia, rociada con zotal, de Valle-Inclán. […]

Se quemaron también libros inminentes, aún no aparecidos, en simbólico anticipo. Por ejemplo:

El vocabulario de Góngora, del académico D. José Alemany y Bolufer (padre) premiado por la Real Academia Española.

Góngora en la mano (edición Nova Novorum de García Morente).

Y finalmente el número de homenaje de La Gaceta Literaria.

Una excomunión

El tribunal del Santo Oficio acordó excomulgar de la capilla gongorina al relapso Jorge Guillén por no haberse presentado, como era su obligación, al auto de fe. En descargo suyo, se leyó un telegrama de adhesión combustible desde Valladolid que terminaba con un “Viva la novia”. Pero el tribunal desestimó esta atenuante. (N. de la R.V. A última hora se rumorea que Guillén será admitido nuevamente al Góngora F.C. después de una cuaresma de penitencia y se volverá a alinear en su puesto de interior izquierda). […]

Juegos de agua

De este festejo, muy Felipe IV, se encargaron los más arriesgados y tiernos gongorinos. Y en la noche memorable fueron decoradas las paredes de la R.A.E. con una armoniosa guirnalda de efímeros surtidores amarillos. El caudal sobrante se distribuyó entre algunos monumentos públicos. […]

Al día siguiente conmemoración religiosa

Se celebró una solemne misa de réquiem en sufragio del alma de Don Luis. Tuvo lugar en las Salesas, con la asistencia única -a pesar de los anuncios de la prensa- de los doce organizadores que recibieron mutuamente los pésames reglamentarios.

Autenticidades

Hasta aquí la Crónica de los sucesos, la terrible Crónica, no admitida por La Gaceta Literaria que la había solicitado. ¿Razones? Citaré sólo los hechos. Se dijo que estaba llena de falsedades. Pero esto no es cierto. Hay testigos. Hubo hoguera, hubo haz de leña, hubo papel quemado. Se tostaron libros auténticos y otros en efigie. Aparte de otros testigos que podrían ser recusables por su acentuado gongorismo, puede preguntársele a un camarero del restorán “Achuri”.

Gerado Diego, “Crónica del centenario”

Lola, I (1928),pp. 1-8, en ibídem, pp. 281-300.

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