Pavese

Hace un par de meses supe que también Enrique Vila Matas estaba leyendo El oficio de vivir de Cesare Pavese. Yo me lo volví a comprar este septiembre en Turín, la abrumadora edición anotada de Einaudi, y desde entonces me ha acompañado el desasosiego de su latido crudamente cercano, sin alharacas, que descubrí a los ventipocos años. Comencé a releerlo frente al hotel Roma de Turín, en la plaza de la estación, donde se suicidó. Allí dejó su último verso: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Hay quien se mata cuando pierde a un ser querido, o la salud, o el dinero. Pero el auténtico suicida decide primero matarse y luego busca algún pretexto para darse valor: para él, la pérdida es la vida misma.

Se preguntaba Vila Matas si habrá jóvenes hoy en España que lean el diario de Pavese como lo leímos nosotros. El pesimismo cultural reinante hace dudar de ello, el cambio de circunstancias y enredos históricos… Sobre todo, su tono de radical frustración erótica resulta ahora escandaloso. Le vuelve ferozmente misógino su protesta por no poder satisfacer a la mujer como y donde él cree que ella desea, una impotencia fisiológica que convierte en fracaso ontológico, la “astilla en la carne” de que habló Kierkegaard. Supongo que para los menos sutiles incluso merecerá la lacra de “machismo”, ese saco del ogro donde caben juntos la alimaña que arroja un bebé por la ventana después de apalear a su mujer y el anciano que mata a la compañera de su vida con alzhéimer porque teme no poder ya cuidarla, suicidándose luego. Brocha gorda, no pincel fino. El varón Pavese quedará incomprendido: “No se mata uno por amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, revela nuestra desnudez, miseria, desprotección, nada”.

Fernando Savater. El país  13/02/2016

Ejercicios.

(Intenta hacerlos en no más de una hora)

1.Haga un resumen del texto propuesto.

2.¿Está usted de acuerdo con la siguiente afirmación “No se mata uno por amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, revela nuestra desnudez, miseria, desprotección, nada”.? Argumente su respuesta.

3.Explique qué tipo de texto es el que se ha propuesto y sus características.

4.Analiza la siguiente oración:

Ésta era tan destructiva que ambos políticos se pusieron en seguida de acuerdo para suscribir un documento utópico.

La lengua viperina de la novela

Cuando el mundo acababa de nacer, surgieron las historias, y lo hicieron acompañadas por la seducción del chismorreo, las habladurías y los rumores. Lo esencial es que surgieron de relatos veraces. Al fin y al cabo, la parlanchina serpiente no mentía cuando le contó a Eva el secreto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Comed de él, le susurró, y “serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal”. Desde el Génesis no ha habido historia sin cotilleo, y qué poco razonable es que este tenga esa fama de dañino. Si Eva no hubiese escuchado a la serpiente, si se hubiese mantenido firme ante tan indemostrable proposición, ¡qué desolación! El Edén seguiría siendo lo que fue, una nulidad serena y tediosa, un lugar en el que no pasa nada: dos seres desnudos bostezando en su ociosidad, ignorantes de lo que su desnudez compartida podría dar a luz. Nada de Caín y Abel, y, en consecuencia, nada de novelas policíacas ni del suspense de Hitchcock. Nada de Tierra Prometida, y, por lo tanto, nada de jóvenes de provincias emprendiendo viajes esperanzados. Nada de José en Egipto, así que nada de angustiosas crónicas de trabajo y redención. Sin secretos desvelados -y tampoco rumores, reputación, malentendidos y extravíos-, nada de Chaucer, ni de Boccaccio, ni de Boswell, ni de Jane Austen, ni de Maupassant, ni de Proust, ni de Henry James. En el instante en que Eva tomó ese revelador bocado de comadreo serpentino, nació la literatura en sus múltiples formas.

[…]

El chismorreo es el proveedor habitual de secretos, el divulgador necesario de quién piensa esto y quién hace aquello, el portador de especulaciones y sospechas. A menudo, el chismoso es un prodigio de imaginación y, al igual que el novelista, un enemigo del hormiguero. Las hormigas, con su apego a la comunidad, corren de un lado a otro con total deliberación, desempeñando sus tareas con admirable responsabilidad, eficacia y precisión. Todo en su bien estructurado sistema de gobierno -cada gesto, cada sendero- es abierto y predecible. Pueden morir a centenares (pisa un hormiguero y precipitarás un Vesuvio), que las supervivientes seguirán adelante según lo prescrito y sin duelo. Y qué maldición para las criaturas no conocer la pena, o el remordimiento, o el significado de la muerte. Qué maldición no tener memoria, o asombro, o curiosidad. No ir nunca de un lado a otro como un chismoso, no sentir nunca envidia, nunca ser seducido, no estar nunca equivocado ni ser culpable, ni avergonzarse. Estar destinado a vivir sin habladurías es verse privado del arriesgado precio de haber nacido humano.

En el fondo, el chismorreo es auténticamente metafísico, prometeico, arrogante. O, por decirlo de otro modo: optar por vivir sin el chismorreo es desdeñar la narración. Y desdeñar la narración es, no hay duda, unirse al hormiguero, donde no hay secretos que husmear.

[…]

Bajo la influencia de la lengua viperina, antes y después, diez mil relatos y novelas han penetrado en nuestro mundo siempre al acecho del pecado. Proliferan en sus múltiples lenguas, procedentes de continentes frondosos o áridos, de historias furibundas y de agitadas convicciones morales. Son obra de alcahuetes, chismosos y soplones; de ironistas y bribones; de bromistas y dolientes; y, sin excepción, de los que se dedican febrilmente a levantar falsos testimonios. Sin embargo, hasta los proverbios de Salomón, ese antiguo pozo de cautela, en una de sus aparentemente admonitorias homilías, revelan -sin pretenderlo- una feroz intuición de la fuerza devastadora que siempre tendrá la narración de historias: “Las palabras de un chismoso son como deliciosos bocados: penetran hasta las partes más íntimas del hombre”. ¡Las partes más íntimas del hombre! ¡Las partes más íntimas de la mujer! Se interprete como se interprete, todo se reduce al órgano tímido y vulnerable que la humanidad un día osó llamar (insolente, subversivamente) Alma, donde el rumor ansía poner el pie. Sin chismorreo no hay interioridad. Sin interioridad, solo queda el hormiguero.

CYNTHIA OZICK. elcultural.es  29/01/2016

 

Ejercicios.

(Intenta hacerlos en no más de una hora)

1.Haga un resumen del texto propuesto.

2.¿Está usted de acuerdo con la siguiente afirmación  “El chismorreo es el proveedor habitual de secretos, el divulgador necesario de quién piensa esto y quién hace aquello, el portador de especulaciones y sospechas. A menudo, el chismoso es un prodigio de imaginación y, al igual que el novelista, un enemigo del hormiguero.”? Argumente su respuesta.

3.Explique qué tipo de texto es el que se ha propuesto y sus características.

4.Analiza la siguiente oración:

Adelgazar sin esfuerzo es un deseo tan ardiente en la sociedad occidental que el autor asciende a la categoría de ídolo.

La política de piojos

Celia Villalobos quiso hacer una especie de chiste, después de la constitución de las Cortes, y dijo que le daba igual que los diputados llevaran rastas mientras estén limpias y no le peguen los piojos. Cierto es que nada debería sorprendernos, viniendo de una persona que ha abrazado la campechanía hasta reducirla a pura simpleza. Pero sí me pasma que ella, que no lleva rastas y siguiendo su argumentación se le presupone más altura política, caiga en ese tipo de discurso piojoso.

Si Villalobos fuera la política de traje y corbata que cree ser, habría expuesto otro tipo de razones para cuestionar el alma limpia que se adjudican en Podemos. Por ejemplo, podría haber explicado que ella está en el Congreso desde que se inventaron las pinturas rupestres y que por allí ya había “gente” o “pueblo” antes de que naciera Íñigo Errejón. Esa gente que aprobó una Constitución ya achacosa. Esa gente que no se arrugó cuando lo de “¡Quieto todo el mundo! ¡Al suelo!”. Si Villalobos encarnara lo que se reivindica como política de traje y corbata, podría explicarle a Pablo Iglesias que no puede enfadarse por el reparto en la Mesa del Congreso con el argumento de que no hay que pactar nada con el PP. Porque, si Villalobos levantara la cabeza de la tablet, le podría recordar también que Rajoy ha ganado las elecciones. Y nadie capaz de respetar las urnas en lugar de corregirlas, debe arrinconar a millones de votantes. En todo caso -y ya que a Villalobos le gusta tanto alejarse espontáneamente de la disciplina de partido-, podría haberle preguntado a Iglesias qué están haciendo mal los demás candidatos para que tanta gente siga apoyando al PP, a pesar de la peste a corrupción. Puestos a defender su política de traje y corbata, la vicepresidenta del Congreso podría recordarle a Iglesias que no está siendo del todo transparente a la hora de rebatir las dudas sobre la financiación de Podemos que está planteando la UDEF.

Pero claro, Villalobos no puede hacer este tipo de discurso. Porque no sería coherente con muchas de las cosas que ha hecho en los últimos años su partido de traje y corbata. Sin ir más lejos, situarla de nuevo en la vicepresidencia del Congreso. No es que quedara inhabilitada para el puesto el día que le pillaron con el Frozen, que también. Es que mintió descaradamente cuando dijo que no estaba jugando a las princesas, sino leyendo la prensa. En la misma entrevista en la que habló de los piojos, admitió la verdad. Llegados a este punto, mantengo un escepticismo político crónico, independientemente de dónde se compran la ropa o cómo se atusan el pelo. Y también soy gente. Gente anonadada.

Cristina Pardo. 17/01/2016. (Eldiario.es)

Ejercicios.

(Intenta hacerlos en no más de una hora)

1.Haga un resumen del texto propuesto.

2.¿Está usted de acuerdo con la siguiente afirmación  “Llegados a este punto, mantengo un escepticismo político crónico, independientemente de dónde se compran la ropa o cómo se atusan el pelo. Y también soy gente. Gente anonadada.”? Argumente su respuesta.

3.Explique qué tipo de texto es el que se ha propuesto y sus características.

4.Analiza la siguiente oración:

El llamado Pijoaparte saltó sobre la primera motocicleta que vio estacionada.

Majorettes

Miles y miles de madrileños -millones, tal vez- han echado en falta, en la cabalgata de Reyes, a las ocas de Miguelín. Yo, también. Era bonito ver esas tradicionales -¡18 años!-y navideñas ocas, que luego serán foie. No sé si me ponían las ocas en sí mismas o la velada sugerencia del foie. Con reducción de Pedro Ximénez, por supuesto. Este detalle es más para adultos. El foie no es ilusión de los niños, que prefieren el pollo asado, aunque el pollo asado proceda de las entrañables gallinitas, pitas, pitas, pitas.

No soy muy animalista, lo confieso, aunque -quede claro, por favor- repudio la idea de maltratar a los animales. He echado en falta, en esta madrileña cabalgata de Reyes, a las “majorettes”. Tengo todo lo peor: no soy animalista y puede que sea sexista. ¡Dios mío! El año pasado, el equipo municipal madrileño del PP incluyó en la cabalgata de Reyes a una compañía de “majorettes”. Las “majorettes”, en concreto, de Móstoles. Sería muy interesante que el periodismo de investigación hurgara en las hemerotecas y nos enumerara todos los elementos tradicionalmente navideños que se han incluido en las cabalgatas de Reyes organizadas por el PP. Y los que no eran tan navideños, que un fallo lo tiene cualquiera.

Por ejemplo, las “majorettes”. ¿Podrá perdonar Cayetana Álvarez de Toledo que su hija de seis años no haya podido ver este año a las “majorettes” de Móstoles? Yo sí perdono, pero no por eso me siento mejor persona que Cayetana, que conste. Para mí ha sido duro -de verdad- no poder ver a las “majorettes” de Móstoles en la cabalgata. ¿O estuvieron, y no me enteré? En cuanto no tuve noticia clara de que en la cabalgata de Reyes de Madrid iban a desfilar las “majorettes” de Móstoles, me desinteresé por el tema. Ni encendí el televisor, vamos.

No digo que las “majorettes” sean un motivo típicamente religioso y navideño, pero, mira, con sus minifaldas, sus piernas al aire y esa gracia para manejar los bastones, pues, qué quieres que te diga, eran ilusionantes. No muy tradicionales, francamente, pero ilusionantes. Carmena me ha quitado las “majorettes” y yo…venga, va, se lo perdono. ¿Y los niños, que son lo principal? Queridos niños: ¿le perdonáis a Carmena que haya quitado la incipiente tradición de las “majorettes”, secundada por Ana Botella? Tengo un sobrinillo, un poco salido, que sé que no perdona. ¡Qué disgusto! ¡Estos niños!

Las “majorettes”. Es que no me las puedo quitar de la cabeza. Las ocas de Miguelín han desfilado, por si no lo saben, en la cabalgata de Reyes de Almería, que tiene un alcalde del PP -como Dios manda-, o sea, muy cuidadoso con las tradiciones. Bueno, las tradiciones siempre tienen una primera vez, de modo que todas son inventadas.

¿Pero, y las «majorettes»? ¿Alguien sabe dónde han desfilado las tradicionales, navideñas y religiosas “majorettes” faldicortas de Móstoles? ¿Y los músicos de jazz y de góspel -¡tan africanos!- que actuaron en la cabalgata madrileña de Reyes del año pasado? El jazz, tan navideño, qué habrá sido de él. ¿Y el robot de ‘Big Hero 6’? El año pasado lo tuvimos en Madrid, gran ilusión de los niños. Gran ilusión, también, de los patrocinadores, con la película haciendo negocio en las carteleras.

Carmena, mi reproche es: ¿por qué sacaste en la cabalgata a los soldados imperiales de Star Wars? ¿Figuran en el Evangelio? ¿Estuvieron en Belén? No es seguro. Les hace ilusión a los niños, ya. Y a mí, las “majorettes”, niño grande que soy.

Manuel Hidalgo. 08/01/2016. (Elmundo.es)

Ejercicios.

(Intenta hacerlos en no más de una hora)

1.Haga un resumen del texto propuesto.

2.¿Está usted de acuerdo con la siguiente afirmación ” Bueno, las tradiciones siempre tienen una primera vez, de modo que todas son inventadas.”? Argumente su respuesta.

3.Explique qué tipo de texto es el que se ha propuesto y sus características.

4.Analiza la siguiente oración:

Nos vamos haciendo viejos, pero nuestro amor se ha transformado en un afecto y una compenetración que ilumina y que justifica nuestras vidas.

El negocio del sexo

El sábado pasado se celebró en Madrid una absurda manifestación contra la violencia que llaman de género. Sería de esperar que pronto se celebraran otras contra el cáncer de próstata o el suicidio. Los crímenes de pareja forman parte de una obstinada violencia privada cuyas raíces son casi insondables. Como en todas las formas de violencia, el sexo masculino destaca en su papel de agresor, y como en todas las formas de violencia, la civilización va introduciendo lentas pero sustanciales rebajas. España es un país azotado por esa forma de crimen a niveles de tipo medio, lejanos de las altas cifras que alcanzan, por ejemplo, la mayoría de las sociedades nórdicas, caracterizadas desde hace tiempo por niveles mucho mayores de igualdad sexual.

Las manifestantes de Madrid pretenden hacer de esa violencia una causa política. Para que su objetivo tuviera algún sentido deberían demostrar, sin embargo, que esos crímenes son desatendidos por la instituciones. Por la política, por las leyes, por los jueces, por la policía e incluso por los medios. No parece que, salvo errores aislados, sea el caso de España. Y si no tuviera un lado repugnante, me gustaría comparar la atención institucional y social que reciben los crímenes de pareja respecto de los accidentes laborales o el suicidio.

La ausencia de una desatención institucional obliga a las manifestantes a elevar la abstracción de su protesta. Es lo que insinuó con palabra indigente y provocadora la alcaldesa Colau en la propia manifestación: “Si esto le pasara a los hombres…”. Si esto le pasara a los hombres (que por cierto: les pasa, aunque sea en un grado menor) sucedería exactamente lo mismo. O quizá sucedería algo aún peor. Lo que sucede, por ejemplo, con el suicidio: donde los hombres mueren mucho más que las mujeres sin que hasta ahora consten, al menos en España, programas de atención sexualmente específica.

El crimen de pareja no es un crimen político que implique organizaciones y colectivos, ni es un crimen de sexos. Es un crimen de individuos, cuyo tratamiento y persecución ha de corresponder a sus características. La desvergonzada instrumentalización de estos crímenes que hacen las mujeres de izquierdas solo tiene como objetivo identificarlos con las prácticas o al menos con la ideología de los hombres de derechas. Es decir, y dicho con toda la brutalidad que merecen: su única intención real es la de hacer negocio con el crimen.

Arcadi Espada. 12/11/2015. (Elmundo.es)

Ejercicios.

(Intenta hacerlos en no más de una hora)

1.Haga un resumen del texto propuesto.

2.¿Está usted de acuerdo con la siguiente afirmación ” La desvergonzada instrumentalización de estos crímenes que hacen las mujeres de izquierdas solo tiene como objetivo identificarlos con las prácticas o al menos con la ideología de los hombres de derechas. Es decir, y dicho con toda la brutalidad que merecen: su única intención real es la de hacer negocio con el crimen..”? Argumente su respuesta.

3.Explique qué tipo de texto es el que se ha propuesto y sus características.

4.Analiza la siguiente oración:

Creo que la añoranza es necesaria porque te despierta una conciencia activa de las cosas que te rodean.

Ir al cine, leer – Ignacio Echevarría

Ya en otras ocasiones he manifestado mi convicción de que el acto de leer es por sí mismo neutro, por mucho que indiscriminadamente se suela celebrar e incentivar la lectura como una actividad beneficiosa. Muchos de los frecuentes debates sobre la lectura e incluso sobre la literatura resultan del todo estériles por no advertirse suficientemente que bajo estos dos conceptos se amparan hechos y realidades de signo muy diferente, cuando no opuesto desde el punto de vista cultural.

Al comienzo de Las semanas del jardín, de Rafael Sánchez Ferlosio, encuentro un pasaje muy esclarecedor para esta cuestión. Se halla en una digresión acerca de las diferencias entre “ir al cine” y “ver esta película”. Ferlosio observa que se trata de dos acciones en definitiva contrarias. “En lo segundo, por débiles que sean los fundamentos de la decisión -no pocas veces simplemente un título-, se trata siempre de una acción intencionalmente positiva, dirigida a un objeto específico dado, al que se liga, en un mismo movimiento, la propia determinación de ir al cine; mientras que en lo primero tal determinación queda como un momento previo y separado, que proyecta ante sí un lugar vacío”.

La determinación -tan común hasta hace poco- de “ir al cine” se configura y define, dice Ferlosio, “enteramente al margen de su posible contenido concreto y singular, como una acción genérica a la vez que intransitiva, respecto de la cual cualquier película, por hermosa que sea, se transmuta de objeto en instrumento y se convierte en un ente fungible e indefinido”. De ahí que dicha determinación pueda caracterizarse como lo opuesto a la voluntad de ver una película en concreto.

Algo semejante cabe decir, salvadas las distancias (en absoluto irrelevantes), del simple deseo de leer algo, lo que sea (“una novela cualquiera, pero que sea entretenida”), en relación a la voluntad de leer un libro determinado. La posición del lector es en cada caso muy distinta (y del todo decisiva, dicho sea de paso, en lo que respecta a su eventual interés por la crítica).

Pero sigamos con la observación de Ferlosio, pues no tiene desperdicio. Para él, “ir al cine” y “ver esta película” son, por así decirlo, premisas que fundan dos tipos diferentes de espectador. Algo en lo que importa reparar en la medida en que repercute directamente en las condiciones de producción de las películas mismas. Lo explica Ferlosio con sus proverbiales lucidez y agudeza: “Al orientarse fundamentalmente la producción de la película conforme a la demanda de los espectadores del tipo de ‘ir al cine’, ya la propia invención es suscitada no ya por el objeto al que haga referencia, sino por el lugar vacío que la reclama, y se plasma conforme a sus principios de genericidad y de fungibilidad: el repertorio ha de ser ampliamente intercambiable, y todos los ingredientes se vuelven implementos para lugares vacíos invariantes y preestablecidos, como se manifiesta en las fórmulas usuales: ‘Ella es una chica tal y cual…’, ‘Él es…’, ‘el bueno…’, ‘el malo…’, etc”.

“Se llegará así a productos extremamente incapaces de sustentar la otra función -la que les correspondería en el contexto de ‘ver esta película’-, alcanzando con ello la aplastante uniformidad de la industria cinematográfica. Producción y consumo convergen y se condicionan mutuamente a través del lugar vacío en que se encuentran y que podría tal vez simbolizarse por el precio de la localidad. El que pretenda saber lo que es el cine y conocerlo en sus posibilidades tendrá, pues, que enfrentarse en primerísimo lugar con estas evidencias, sin apartarse al idílico y vano panorama de quienes piensan en él como si fuese una forma cultural antes que un fenómeno social, como si fuese un arte antes que un comercio”.

Et voilà! No se necesita mucho seso para, mutatis mutandis, trasladar esta observación al campo de la lectura y de la literatura. Y tenerla bien presente contribuiría de la mejor manera a clarificar no sólo esos debates a los que aludía al principio, sino también el rango literario de muchos libros -no solamente los llamados bestsellers- cuyo sentido no es otro que colmar ese “lugar vacío” que describe Ferlosio.

Ignacio Echevarría. 23/10/2015. (Elcultural.es)

Ejercicios.

(Intenta hacerlos en no más de una hora)

1.Haga un resumen del texto propuesto.

2.¿Está usted de acuerdo con la siguiente afirmación ”Ya en otras ocasiones he manifestado mi convicción de que el acto de leer es por sí mismo neutro, por mucho que indiscriminadamente se suela celebrar e incentivar la lectura como una actividad beneficiosa.”? Argumente su respuesta.

3.Explique qué tipo de texto es el que se ha propuesto y sus características.

4.Analiza la siguiente oración:

Nunca se había visto tan serios a aquellos rapaces que pasaban inquietos y temerosos por los claustros de la Universidad.

Una mujer es su cuerpo

Si alguna cosa pone de relieve el verano es el concepto que tienen las mujeres de ellas mismas, y por qué les gusta, en el fondo, ser valoradas. Suben las temperaturas, baja la ropa y empieza la exhibición. Después de tanto decirnos que quieren que las valoremos por su inteligencia, después de tanto quejarse del presunto sexismo de algunos anuncios de coches, ahí van ellas enseñándolo prácticamente todo, después de una primavera de gimnasio y contención para poder lucir así de bellas. “Al aire el muslo bello y flojo el cinturón”, como escribió, memorable, Anson.

Todo un año esperando este momento. En los pueblos de playa, el biquini y el pareo; en la ciudad, las faldas cortas como una noche de San  Juan. Y enseñar, enseñar. No veo en los hombres tal preocupación, salvo en las “aves”, como diría Machado, “del nuevo gay trinar”. Pueden hacer, las mujeres, la propaganda feminista que deseen. Y todo cuanto discurso igualitario. Pero luego llega el sol y alumbra la verdad, indiferente a la retórica de marimachos y camioneras.

Llega el sol y las chicas muestran con total descaro cuáles son sus prioridades y su principal esplendor. La belleza es una característica femenina tal como el talento es una característica masculina. Mal que nos pese, los hombres como objeto estético dejamos mucho que desear. Y eso sin ponerme a mi mismo de referencia, que eso sería ya entonces el Tren de la Bruja. Mal que les pese, no hay mujeres en la lista de los grandes creadores de la Historia. Ellas se escudan en la represión que dicen haber sufrido, pero el talento y la creación y el arte emergen de cualquier catacumba o cualquier cárcel y no ha sido el caso.

Ni siquiera hay grandes cocineras, fuera del ámbito doméstico, ellas que siempre se quejan de haber vivido encerradas en la cocina.

Pero cuando llega en cambio el verano, todas saben lo que hacer. Y lo que muestran es lo que muestran. “Yo quiero que me valoren por mi inteligencia”, dice la chica que no ha escrito nunca ningún libro y toma el sol en tetas. Una mujer es su cuerpo.

“El físico no es lo que importa”, te dice otra después de haber pasado las de Caín en un gimnasio para que sean vertiginosas esas curvas. Nada como un verano, en la ciudad o en la playa, en un yate o en la montaña, para que las chicas salgan a la calle o se hagan a la mar para comerse el mundo con sus cuerpos bellísimos y sus pieles doradas; mientras los hombres, sudando como cerdos, buscamos un rincón en la sombra o directamente el chorro del aire acondicionado, bien tapados para que el sol no nos queme la piel tan blanca, e intentamos leer algo que nos distraiga del espanto africano hasta que vuelva otra vez el octubre de ocres y civilización.

Salvador Sostres. 20/08/2010. (El mundo.es)

Ejercicios.

(Intenta hacerlos en no más de una hora)

1.Haga un resumen del texto propuesto.

2.¿Está usted de acuerdo con la siguiente afirmación  ”Llega el sol y las chicas muestran con total descaro cuáles son sus prioridades y su principal esplendor. La belleza es una característica femenina tal como el talento es una característica masculina.”? Argumente su respuesta.

3.Explique qué tipo de texto es el que se ha propuesto y sus características.

4.Analiza la siguiente oración:

Una noche vi la luz de un proyector y me desperté porque era uno de los proyectores de mi padre.